Fiestas y tradiciones en Bilbao

La Semana Grande de Bilbao: “Aste Nagusia”…

Bilbao

Ciertamente, Bilbao es una ciudad realmente tranquila, hasta que, por supuesto, llega su “Semana Grande”, conocida como “Aste Nagusia”; nueve días que, a partir del sábado siguiente al 15 de agosto, la ciudad se descontrola por sus cuatro costados, dando lugar a una explosión de celebraciones con riadas de gentes que inundan sus calles, especialmente su Casco Viejo.

Sin embargo, y a pesar de la popularidad de esta festividad, resulta curioso observar que su celebración actual es relativamente reciente. En efecto, esta Semana Grande de Bilbao tiene su origen formal en el año 1978, cuando, digamos, se institucionaliza lo que, sin embargo, llevaba años ya teniendo lugar, coincidiendo con la segunda quincena de agosto, tan propicia a las celebraciones locales y patronales por toda España, cuando visitaban la ciudad circos ambulantes y feriantes que montaban sus barracas en las afueras de la ciudad coincidiendo con las corridas de toros y espectáculos tradicionales que tenían lugar desde antaño por esas fechas en Bilbao. Quizás, en realidad, lo que ocurrió en 1978 fue que, con los primeros Ayuntamientos democráticos de la transición, estas celebraciones se hicieron más participativas al institucionalizarse desde las nuevas Corporaciones Locales, lo que, parece ser, ocurrió en el caso de la “Aste Nagusia” bilbaíno.

Ciertamente, la explosión democrática de 1978 dio lugar a un deseo desde las instituciones públicas por fomentar la participación ciudadana en numerosos aspectos y, cómo no, uno de los primeros en los que se pensó fue en las fiestas patronales locales, una forma ciertamente acertada de lograr que los ciudadanos se implicaran en los proyectos de los recién nacidos Municipios democráticos. En este sentido, Bilbao no fue una excepción, pasándose así de unas anodinas celebraciones arrinconadas a las afueras de Bilbao, en las que la “Sección Femenina” era la protagonista con sus danzas típicas, a unas fiestas en las que la calle, de la mano de su Ayuntamiento, transforman la “Aste Nagusia” en un reclamo que, año tras año, llenará las calles de Bilbao de vida y celebración.

Efectivamente, aunque la “Aste Nagusia” ya existía antes de 1978, no es menos cierto que, progresivamente, fue convirtiéndose en una festividad rayana en lo decadente, con apenas algunas atracciones que, poco a poco, fueron arrinconadas a las afueras de la ciudad. Así, la “Aste Nagusia” languidecía en abrasadores meses de agosto que dejaban vacía la ciudad, huérfana de ofertas veraniegas para propios y extraños, quienes preferían huir de una “Semana Grande” que ahogaba a quien se acercaba a su mediocridad decadente. Hasta que un buen buen día de 1978, una vez recuperada la Democracia en nuestro país, se convocó un concurso de ideas para organizar una verdadera “Semana Grande” para Bilbao, con un marcado carácter popular y participativo, un concurso de ideas que ganó el “Colectivo Txomin Barullo” (un antiguo personaje bilbaíno conocido por su carácter juerguista y campechano) y que desembocó en la creación de la primera “Comisión Popular de Fiestas” que pondrá en práctica el proyecto ganador.

En ese proyecto ganador se hará especial énfasis en la participación ciudadana, siendo fundamental para ese concepto la figura de las “Comparsas”, las cuales serán el verdadero corazón de la Semana Grande y quienes, en realidad, organicen el conjunto de actividades de la misma con el apoyo del Ayuntamiento, pero siempre teniendo como premisa la espontaneidad ciudadana y participativa que caracterizan a la “Aste Nagusia” nacida en 1978, agrupadas todas ellas en la federación de Comparsas llamada “Bilboko Konpartsak”, una federación o agrupación que promueve, precisamente, esa participación ciudadana articulada a través de las referidas Comparsas siempre en el respeto a la diversidad de sensibilidades sociales y políticas que existen en Bilbao, de ahí el éxito participativo de esta fórmula organizativa, éxito el cual, en una ciudad como Bilbao, de otra forma sería imposible.

Así, se puede decir que el verdadero corazón del “Aste Nagusia” habita en sus Comparsas, las cuales nacen directamente de los barrios bilbaínos y organizan en ellos sus actividades, llenando de vida y de sentido las segundas quincenas de agosto de la ciudad, dejando atrás los insulsos veranos en los que agonizaba Bilbao antes de 1978. De esta forma, aquel año marcó un cambio radical en la forma de sentir las fiestas de la ciudad, un cambio radical en su sentido más literal, ya que, de la noche a la mañana, Bilbao se lanzó a la calle por medio de sus Comparsas para organizar una Semana Grande digna de esta Villa.

Pero centrándonos en la “Aste Nagusia”, en su contenido, indicar que ésta comienza con el ”Txupin”, a imagen y semejanza del “Chupinazo” pamplonica de los Sanfermines, el cual es lanzado el primer sábado siguiente al 15 de agosto en la Plaza del Teatro Arriaga por la ”Txupinera”, la mujer encargada de dar inicio oficial a la Semana Grande de Bilbao mediante el lanzamiento del cohete que inaugurará nueve días de fiesta total en Bilbao, aderezándose el acto por el “Pregonero”, quien da lectura al Pregón oficial de las fiestas ataviado con un traje amarillo y sombrero de época, invitando a propios y extraños a disfrutar al máximo de los nueve días en que Bilbao abrirá sus puertas día y noche sin tregua.

Así, “Pregonero” y ”Txupinera” son las dos figuras centrales del inicio de la Semana Grande de Bilbao, figuras que, con los años, han ido ganando protagonismo durante los nueve días de celebraciones (especialmente la ”Txupinera”, ya que, además del ”Txupin” inicial, es la encargada de lanzar otro cohete todos los días a las siete de la mañana para marcar el inicio de otro día festivo. Efectivamente, si inicialmente la intervención de ambos se limitaba al acto del ”Txupin” y poco más, progresivamente han ido ampliándose sus funciones y su protagonismo es mayor en el seno de la fiesta. Ambas figuras son elegidas por una comisión mixta compuesta por representantes de las Comparsas y del Ayuntamiento (en el caso del “Pregonero”) y por la ”Bilboko Konpartsak” (en el caso de la ”Txupinera”), pero siempre teniendo en cuenta que el “Pregonero” podrá ser un hombre o una mujer, mientras que la ”Txupinera” siempre, necesariamente, habrá de ser mujer, siendo que ambas figuras portan un uniforme específico que hunde sus raíces en el período de las Guerras Carlistas: el “Pregonero” va ataviado con chaquetilla de frac amarilla, bicornio negro empenachado, faja blanca y pantalón o falda blanco para diario y negro para ceremonia; la ”Txupinera” viste casaca roja con grandes hombreras, con vivos negros en cuello, con charreteras y doble fila de botonadura dorada, falda negra de estambre de tubo, boina roja con el escudo de la Villa de Bilbao bordado y zapatos de charol negro con medias blancas.

Otro de los personajes indispensables en la “Aste Nagusia” es la “Marijaia”, símbolo oficial de la Semana Grande de bilbao que cuenta con una canción propia llamada “Badator Marijaia” (“Ya llega Marijaia”). La “Marijaia” es una muñeca gorda que fue creada en 1978 por Mari Puri Herrero, una artista plástica que recibió el encargo de la primera Comisión de Fiestas a tal fin, algo que llevó a cabo en cinco días. La “Marijaia” debe su nombre a la combinación de las palabras “María” y “jaia” (“fiesta” en Euskera) y se inspira en los gigantes y cabezudos tan comunes en las fiestas veraniegas de numerosas localidades españolas, consistiendo así en una gran muñeca que hace su aparición en el balcón del Teatro Arriaga justo después del ”Txupin”, enfervorizando así a las masas que asisten al acto porque saben que su aparición significa que ha comenzado la Semana Grande de Bilbao. Sin embargo, su final es menos poético, ya que la “Marijaia” es quemada el último día de las fiestas en la Plaza del Teatro Arriaga, lo que marca el final de la “Aste Nagusia” hasta el año siguiente, en el que una nueva “Marijaia” marcará el inicio de otros nueve días de Semana Grande en Bilbao.

Es tal el carácter popular y participativo de la “Aste Nagusia” que el peso principal de su organización y desarrollo recae sobre las Comparsas articuladas por la “Bilboko Konpartsak”, siendo que el papel que se deja a las autoridades municipales es meramente administrativo y de intendencia respecto a aspectos de orden público, financiación, soporte logístico y organización de eventos paralelos que ensalzan la Semana Grande de Bilbao haciéndola más atractiva para el turismo. Así, durante la “Aste Nagusia” son escasos (por no decir nulos) los actos oficiales, ocupando el lugar de éstos los organizados por las propias Comparsas en un alarde imaginativo y participativo, llenando cada barrio de Bilbao de una fiesta y colorido que, en su conjunto, conforma un puzzle en el que las calles de la ciudad se llenan de vida día y noche, invitando a recorrer las callejuelas de su Casco Viejo, a disfrutar de la cocina bilbaína practicando el “txikiteo” y el “poteo” y descubriendo así, de esta forma tan sugerente, todos y cada uno de los rincones de una ciudad que, en su Semana Grande, sale a la calle para no encerrarse durante los nueve días que dura la “Aste Nagusia”.

Ciertamente, Bilbao se pone patas arriba durante esos nueve días, con un programa de fiestas prácticamente inacabable que va desde los actos más tradicionales (el ”Txupin”, las verbenas de barrio, los teatros callejeros y populares, las cucañas, las danzas tradicionales, las populares “bilbainadas”, las obligadas corridas de toros, los concursos gastronómicos, los torneos de pelota, …) hasta los actos en los que los más jóvenes dan rienda suelta a sus instintos festivos, destacando en este punto los conciertos pop y rock que, sin duda alguna, son indispensables en las fiestas de agosto, sin olvidar las clásicas veladas de jazz, el tradicional “Criterium Ciclista”, los obligados concursos de fuegos artificiales nocturnos que llenan de luz y color la noche bilbaína y, por supuesto, la infinidad de comidas y reuniones gastronómicas que son obligadas en una ciudad como Bilbao. Y, cómo no, hay que destacar el imprescindible “Desfile de la Ballena” que organiza la “Bilboko Konpartsak” y que, de la mano de las Comparsas, llena de colorido las calles de Bilbao con los globos de helio gigantes que forman figuras marinas alegóricas, como es el caso de la “Gran Ballena”, maestro de ceremonias del desfile y que abre el paso a otros presonajes (como es el caso del “Pequeño Besugo”, “Baly” o “Pulpo”) que recorren las calles de la ciudad invitando a todos a unirse a la fiesta de una forma muy colorista y original.

Si tienes pensado viajar a Bilbao, te recomendamos que lo hagas en la segunda quincena de agosto, ya que descubrirás una ciudad llena de vida y de propuestas de lo más variado que te harán disfrutar de una ciudad que, como verás, alejándose del tópico, está llena de vida y de participación, ofreciendo al visitante mil y una posibilidades para disfrutar de unas vacaciones o de una escapada inolvidables. No te pierdas Bilbao durante su “Aste Nagusia”, un ir y venir de riadas de gente por sus calles que nos muestra el carácter especialmente festivo y campechano de los bilbaínos en la explosión participativa y popular que es su Semana Grande.

Bilbao en Carnaval: el InauteriakBilbao en Carnaval: el “Inauteriak”…

Bilbao
Y es que las Comparsas de la “Aste Nagusia” agrupadas en la “Bilboko Konpartsak” valen para un roto y un descosido, ya que están presentes en todas y cada una de las fiestas eminentemente más populares y participativas de la ciudad, y tal es el caso, precisamente, de los Carnavales.

Efectivamente, si Carnaval es una época en la que la calle toma el calendario festivo de todo el Mundo, en Bilbao ello es especialmente palmario. No obstante, los Carnavales de Bilbao difieren bastante de los Carnavales de otras latitudes, como por ejemplo el caso de Cádiz; podemos decir que se trata de unos Carnavales más intimistas, menos artificiosos, con menos “glamour”, pero, no por ello, menos festivos. Efectivamente, los Carnavales de Bilbao se viven más a pie de calle, a golpe de actividades populares que demuestran la inventiva que emana del saber popular que, por lo demás, es común a los Carnavales de todo el Mundo.

Lo que decimos no supone menospreciar la celebración carnavalesca de otros lugares, sino que lo que tratamos de resaltar es que los Carnavales de Bilbao son diferentes, con las peculiaridades propias de la ciudad, con personajes únicos que dan vida a estas fiestas y que marcan el devenir de las mismas por las calles de la ciudad, como es el caso de los imprescindibles “Farolín” y “Zarambolas”, dos personajes opuestos que, sin embargo, constituyen la definición misma del bilbaíno:

“Farolín”: Es la parte del bilbaíno que alardea de su condición “botxera”, bilbaína por excelencia; la del bilbaíno que todo lo puede y que todo lo ha hecho, que cualquier logro ajeno no tiene importancia porque, desde luego, él lo puede superar o lo ha superado ya.
“Zarambolas”: Es la parte del bilbaíno conformista, campechana, la del buen comer, el buen beber y, por supuesto, el buen vivir. “Zarambolas” pasa de todo, nada le afecta y sólo se preocupa por vivir y disfrutar de la vida mientras se pueda.
Dos personajes clave en los Carnavales de Bilbao que se encierran en cada bilbaíno que son juzgados, cada Carnaval, en el llamado “Juicio a Farolín y Zarambolas”, un juicio que se instituyó en los Carnavales de 1984 como importación de las tradiciones rurales vizcaínas, tradiciones carnavalescas en las que se juzgaba lo bueno y lo malo pero que, al trasladarse al Carnaval de Bilbao, adquieren un tono humorístico en el que se juzga la propia personalidad del bilbaíno. Obviamente se trata de un juicio en tono carnavalesco lleno de humor, cuyo escenario es el “Bilborock” de la ciudad (la antigua Iglesia de la Merced, que puedes localizar en este callejero de Bilbao en PDF o en el mapa de Bilbao que encontrarás más abajo en esta misma página) y que ve incrementado su atractivo popular porque estos dos personajes, cada año, son encarnados por personas famosas, sean o no de Bilbao, que son elegidas y que aceptan el “cargo” de buena gana para participar en uno de los momentos más simpáticos y tradicionales de los Carnavales bilbaínos.

Efectivamente, “Farolín” y “Zarambolas” son encarnados cada año por una personalidad conocida, no necesariamente de Bilbao, siendo elegidos por la “Orden Botxera de Farolín y Zarambolas”, la cual fue creada por la comparsa “Moskotarrak” el 10 de febrero de 1999 en el desaparecido Café Boulevard, año en el que esta “Orden” asumió la responsabilidad de nombrar cada año a estos personajes, reuniéndose a tal fin el primer lunes tras los Reyes Magos en una chocolatada que tiene lugar en el Café Iruña y en la que se decide quiénes serán el “Farolín” y el “Zarambolas” para los Carnavales de ese año. Para la elección de estos dos personajes se abre un período de presentación de candidatos que se cierra en diciembre del año anterior, candidatos que son propuestos por los ciudadanos. La “Orden Botxera de Farolín y Zarambolas” cuenta como “honorables pares” o miembros con quienes han sido en años anteriores “Farolín” y “Zarambolas”, destacando en esa relación personajes tan conocidos como el entrenador de fútbol Javier Clemente, el compositor ya fallecido Carmelo Bernaola, el periodista José María Múgica o el que fuera Alcalde de Bilbao José María Gorordo; relación en la que también hay personajes no tan conocidos (desde un portero de hotel a un cantante callejero), así como, incluso, edificios o entidades (como fue el caso de “Tele Bilbao” en 1997, que asumió el cargo de “Zarambolas”, o el caso del Teatro Arriaga, “Farolín” en 1987).

Como hemos dicho, “Farolín” y “Zarambolas” representan las dos mitades de todo bilbaíno, el cual, a su vez, constituye un personaje en si mismo de los Carnavales: el “Txirene”. Efectivamente, el “Txirene” y sus “txirenadas” (las ocurrencias divertidas del “Txirene”) es el bilbaíno en estado puro, un personaje que reúne las figuras de “Farolín” y “Zarambolas”, un personaje chistoso, fanfarrón y que gusta del buen vivir, y ya sea, por supuesto, hombre o mujer, ya que, efectivamente, las “txirenadas” de las bilbaínas son también de leyenda. Entendiendo la personalidad del “Txirene” no cabe duda de que los Carnavales en Bilbao son algo muy especial, diferentes de los Carnavales a que estamos acostumbrados, pero, desde luego, sarcásticos por antonomasia, apegados a la tierra y a la tradición y alejados de los artificios propios de otras latitudes, bastante alejados por ello mismo de los orígenes populares de estas celebraciones del mes de febrero.

Y es que los Carnavales de Bilbao son esencialmente populares, participativos, sin grandes lujos, que nacen del sentir del pueblo articulado en las Comparsas, verdaderas protagonistas de las actividades que se organizan durante estas fiestas por todo Bilbao. Chocolatadas, desfiles y fiestas infantiles, el “Trapu Zaharra” o “Teatro Trapero”, los pasacalles de “txistularis” y gaiteros, los imprescindibles Gigantes y Cabezudos, los hinchables gigantes que llenan de vida y colorido las calles bilbaínas, así como las deliciosas “Pucheras” entre otros elementos de la fiesta carnavalesca de Bilbao, elementos que constituyen las ofertas que deleitarán al viajero que busca en esta ciudad el retorno a lo tradicional y a lo terreno, sin olvidar, por supuesto, el inevitable “Entierro y Quema de la Sardina” en la Plaza Nueva que cierra las fiestas carnavalescas, evento que, tratándose de Bilbao, necesita de un indispensable evento gastronómico como es la popular “Sardinada Solidaria” cuyos ingresos se destinan a una ONG, normalmente “Cáritas”. Mil y una posibilidades para disfrutar de todos y cada uno de los rincones de una ciudad diferente, abierta y popular, algo que se ve especialmente en los Carnavales, unas fechas en las que, aunque el tiempo no acompañe especialmente, Bilbao resulta un destino delicioso para escapar de la rutina y la artificiosidad del día a día.

El Día de la Amatxu y la Festividad de BegoñaEl Día de la Amatxu y la Festividad de Begoña…

Bilbao
Siendo las anteriores las citas festivas más populares de Bilbao y las que más se reconocen en el exterior, sin embargo, existen otras celebraciones que, aún siendo más recoletas y menos expresivas en su contenido, no dejan de ser expresión de la participación popular que caracteriza a esta ciudad.

Sin duda, una de las fiestas más significativas en este terreno se celebra, por partida doble, los días 15 de agosto (“Día de la Asunción de María” o “Día de la Amatxu“) y 11 de octubre (“Festividad de Begoña”), dos días en los que se honra a la Madre de Dios de Begoña, quien hace las veces de Patrona de Bilbao, a pesar de que el Patrón oficial es el Apóstol Santiago el Mayor (hay que aclarar que el fervor hacia la Madre de Dios de Begoña se debe a que, en realidad, ésta es la Patrona de toda la provincia de Vizcaya), dos días con una misma finalidad religiosa pero con un contenido bien diferente.

Efectivamente, tal es el fervor que se tiene por la Madre de Dios de Begoña en Bilbao que se le dedican dos días: el 15 de agosto para las celebraciones de carácter más popular y el día 11 de octubre para las celebraciones más litúrgicas. En todo caso, estas dos celebraciones han de enmarcarse en el entorno de la Basílica de Nuestra Señora de Begoña, un edificio encuadrado en el Barrio de La Salve, barrio que debe su nombre al saludo o “Salve” que los marineros hacían a la entrada de Bilbao por la Ría, justo en el recodo en el que se ubica este barrio y desde el primero que se ve la Basílica de Begoña, lo que nos da una idea del fervor que por la “Amatxu” sienten los bilbaínos. Esta Basílica de Begoña tiene su Historia, muy implicada en la propia Historia del País Vasco, especialmente de la provincia de Vizcaya, como fueron los períodos de la Guerra de la Independencia contra los franceses y los de las Guerras Carlistas, períodos en los que la Basílica fue pieza clave de los acontecimientos históricos que en Bilbao se sucedieron en aquellos tiempos por ser este edificio plaza estratégica y disputada por los contendientes. Quizás por esa importancia histórica, la Basílica de Nuestra Señora de Begoña es el centro neurálgico de las celebraciones en honor de la “Amatxu”, el lugar en el que, en las dos fechas señaladas, los bilbaínos se congregan para honrar a su Señora más allá de lo religioso, enmarcándose esas honras en un plano en el que Bilbao rememora su glorioso y rico pasado histórico.

De esas dos fechas, quizás la primera, la del 15 de agosto, tiene un carácter más popular al solaparse con la “Aste Nagusia”, celebración que absorbe cualquier otro tipo de consideración, incluida la religiosa. Si originariamente la festividad del 15 de agosto tenía por finalidad honrar en exclusiva a la “Amatxu”, hoy, sin embargo, el jolgorio y el carácter “irreverente” de la “Aste Nagusia” ensombrecen sobremanera las celebraciones litúrgicas que tienen lugar en la Basílica de Nuestra Señora de Begoña, de ahí la necesidad de que la “Amatxu” cuente con otro día de homenaje para ella en exclusiva, día que es, precisamente, el 11 de octubre.

Efectivamente, el 11 de octubre se reserva para la “Festividad de Begoña”. Las calles de Bilbao ya no están llenas de ruido como ocurre en agosto y el frío hace que los bilbaínos prefieran el recogimiento y la introspección, momento ideal para para dedicar un día a la exaltación religiosa de la Patrona de Vizcaya y en el que las Comparsas de la “Aste Nagusia” ceden el testigo a la “Hermandad Penitencial de Nuestra Señora de Begoña”, la Hermandad encargada de organizar los actos religiosos de ambas fechas, pero que, desde luego, adquiere su mayor protagonismo el 11 de octubre, la fecha litúrgica por excelencia para honrar a la “Amatxu”, una fecha en la que las celebraciones religiosas y las procesiones son las protagonistas.

Sin embargo, como no podía ser menos en una ciudad como Bilbao, la solemnidad litúrgica siempre deja un hueco a la sonrisa popular, siendo su máxima expresión en esta fecha la llamada “Fiesta de los Txikiteros” (http://www.viajeahorro2.com/de-txikiteo-y-poteo-por-bilbao/), una fiesta instituida en el año 1964 por Epifanio Mezo, párroco de la Basílica Catedral del Señor Santiago, fiesta que, desde luego, ha calado profundamente en las tradiciones bilbaínas y que constituye un evento imprescindible el día 11 de octubre y que consiste en que los “txikiteros” de Bilbao hacen un recorrido gastronómico por el Casco Viejo de Bilbao en honor de esta costumbre y tradición tan bilbaína consistente en disfrutar del buen vino y la buena comida en compañía de los amigos, practicando, a modo de procesión, el tradicional “txikiteo” y “poteo” (http://www.viajeahorro2.com/de-txikiteo-y-poteo-por-bilbao/) por las calles del Casco Viejo de Bilbao, práctica que no es otra cosa que el recorrer el Viejo Bilbao de bar en bar y de taberna en taberna disfrutando de sus “pintxos” y de sus vinos y sidras; en todo caso, otra forma de homenajear a la “Amatxu”, sin olvidar, por supuesto, los homenajes religiosos debidos, entre los que destaca la multitudinaria ofrenda floral a Nuestra Señora de Begoña, previa siempre a cualquier otro tipo de acto festivo durante este día, o la impresionante “Procesión de Antorchas” que tiene lugar por las calles de Bilbao el día 10 por la noche.

Como puedes ver, la devoción de los bilbaínos por su “Amatxu” no impide que la compaginen con su otra devoción: el buen vivir. Así, los bilbaínos dedican dos días del calendario para compaginar esas dos devociones sin menoscabar ninguna de las dos; dos días perfectos para visitar Bilbao según el tipo de viaje que querramos disfrutar y el Bilbao que pretendamos conocer.

De Santa Águeda a la Navidad en BilbaoDe Santa Águeda a la Navidad en Bilbao…

Bilbao
Fuera ya de las grandes citas festivas multitudinarias que congregan en Bilbao a propios y extraños, existen otras fechas en el calendario festivo de la Villa que son dignos de destacar para escaparse a Bilbao y disfrutar de una o varias jornadas de descanso y de lo mejor del “Botxo”.

Una de esas fechas de visita obligada es Santa Águeda, fiesta que en el calendario está señalada en el día 5 de febrero pero que, en Bilbao, se celebra la noche del día 4, al igual que en el resto de localidades del País Vasco, como es tradición, no obstante lo cual, durante el día siguiente se celebran una serie de actos en honor a la Santa, entre los que destacan los cantos que en diferentes lugares de Bilbao se hacen por las calles a la Santa, formando coros en los que participan, incluso, diferentes asociaciones cívicas y grupos de profesionales, como por ejemplo los bomberos. En todo caso, el núcleo de la fiesta es, como indicamos, la noche del día 4, noche en la que coros de gente recorren las calles entonando una tradicional canción en honor de la Santa, ataviados con trajes típicos, entre los cuales también se encuentran numerosos niños, que suelen portar unos palos con los que golpean el suelo durante su recorrido.

Santa Águeda es la Patrona del País Vasco, de ahí que este día se celebre en toda la Comunidad Autónoma, destacando las romerías que tienen lugar el domingo siguiente en numerosas poblaciones, siendo una de las más conocidas la que se realiza en Barakaldo, al Santuario de Santa Águeda en Kastrexana. Y es que, Santa Águeda se identifica bastante bien con el carácter matriarcal tan tradicional en la sociedad vasca, siendo una figura llena de fuerza y de decisión, como tradicionalmente se caracteriza a las matriarcas vascas. Esta Santa fue martirizada en Catania en el año 251 por querer preservar su virginidad frente a la propuesta de matrimonio del Gobernador romano Quinciano, quien ordenó que fuera encerrada en un prostíbulo para quebrar su voluntad virginal, algo que no consiguió el Gobernador romano, por lo que éste ordena azotarla cruelmente y destrozarle el pecho a machetazos, por lo que Santa Águeda simboliza a la perfección el ideario y virtudes de la “Ama” vasca, de ahí la devoción que por ella se siente y el que sea la Patrona del País Vasco.

Como siempre, y en el caso de Santa Águeda, se vuelve a poner de manifiesto el carácter popular, participativo y tradicional de las celebraciones bilbaínas, como es el caso del Día de San Blas, el cual se celebra el 3 de febrero. Durante este día se celebra una tradicional romería en honor del Santo al que se atribuye el don de curar los dolores de garganta (no en vano, San Blas fue médico y se le atribuye el milagro de curar la garganta de un niño al que se le atravesó una espina de pescado). San Blas fue Obispo en Armenia en el siglo III, y fue perseguido por el Emperador Diocleciano, por lo que tuvo que ocultarse como ermitaño al Monte Argeo, dándosele muerto en el año 316 por el Emperador Linicio, quien ordenó que su cuerpo fuera desgarrado con garfios de hierro y decapitado.

En cualquier caso, y volviendo a lo terrenal, el Día de San Blas es tradicional comer las “rosquillas de San Blas” y bendecir los “cordones de San Blas”, unos cordones de colores que los bilbañinos bendicen ante la imagen del Santo situada en la Iglesia de San Nicolás, la cual está situada en la Plaza del Arenal (te puedes situar en el mapa de Bilbao que encontrarás más abajo, o con este callejero de Bilbao en PDF), Plaza en la que se pueden adquirir en un mercadillo que se monta este día las populares rosquillas y los referidos cordones, los cuales hay que colocarlos en el cuello durante nueve días, transcurridos los cuales hay que quemarlos para que San Blas proteja nuestra garganta.

Y, cómo no, la obligada Semana Santa es otra cita imprescindible en el calendario festivo bilbaíno, si bien se trata de una celebración mucho más modesta que la que tiene lugar en otras ciudades españolas. Efectivamente, la Semana Santa de Bilbao es mucho más recoleta y con menos pretensiones que las más grandiosas que podemos celebrar en el resto de España, tal vez porque la Semana Santa bilbaína ha atravesado por diferentes etapas que condujeron a una cierta decadencia de la misma, una decadencia que se ha tratado de superar en los últimos años, dando más esplendor y relevancia a estas fechas sacras. Consecuencia de ese esfuerzo por recuperar una de las tradiciones más antiguas de nuestro país, Bilbao cuenta ya con casi una treintena de pasos que aúnan casi ochenta imágenes, algunas de las cuales datan su antigüedad del siglo XVI, imágenes que recorren las calles de la Villa en procesiones de las cuales, la mayoría, parten de la Iglesia de los Santos Juanes, siendo una de las más importantes y antiguas la procesión de la Cofradía de la Santa Vera Cruz.

Las fechas de la Semana Santa son perfectas para visitar Bilbao si no se es dado a los alborotos y masas de gente, ya que la ciudad se nos mostrará en un momento de recogimiento religioso y será una forma diferente de disfrutar de los encantos de esta ciudad, descubriendo una Semana Santa, no tan espectacular si la comparamos con otras, pero no carente de fervor.

Y abriendo las Navidades, el 21 de diciembre se celebra Santo Tomás, un día en el que resulta encantador visitar la feria de ganado que se monta entre el El Arenal y la Plaza Nueva, feria en la que destacan las gallinas y pollos que ofrecen los dueños de los caseríos de la contornada, así como las verduras y hortalizas procedentes de los mismos, todo un alarde de tradición y artesanía en la crianza de los productos que harán las delicias de los comensales que se sienten a las mesas de los restaurantes bilbaínos para disfrutar de su excelente gastronomía natural y tradicional.

Y, después de Santo Tomás, vienen las Navidades bilbaínas, un momento en el que ese carácter popular y participativo de los vecinos del “Botxo” se vuelve a poner de manifiesto. Miles de luces adornando las calles de la ciudad, parques infantiles y actos de animación para los más pequeños por doquier, con las tradicionales chocolatadas y los imprescindibles concursos de escaparates que adornan y engalanan cada rincón de la ciudad, especialmente en el Casco Viejo, y, por supuesto, la omnipresencia del “Olentzero”, el tradicional carbonero borracho y bonachón que en Navidad hace la competencia a los todopoderosos “Reyes Magos”, competencia sin embargo sana, ya que ambas figuras tradicionales comparten la Navidad y se la reparten con Justicia: el “Olentzero” tiene su protagonismo la noche del 24 de diciembre, repartiendo ilusión entre los niños tras la gran recepción que se le da por la ciudad el día 23 a lomos de su “Pottoka” gigante (una raza de caballo propia del País Vasco) y acompañado de su compañera “Mari Domingi”, la “Lamia” (personaje mitológico vasco) y los “galtzagorris” (duendes con pantalones rojos); y los “Reyes Magos”, cómo no, la noche del 5 de enero, con la tradicional “Cabalgata de los Reyes Magos” que recorre las calles de Bilbao ilusionando a los más pequeños a la espera de recibir los regalos que les dejarán estas tres figuras mitológicas esa misma noche.

Las Navidades en Bilbao son especialmente entrañables y tradicionales, unas fiestas en las que se ha sabido recuperar la figura tradicional del “Olentzero” haciéndola compatible con la de los “Reyes Magos”, algo que, desde luego, los más pequeños agradecen especialmente al obtener sus regalos por partida doble en estas fechas cargadas de magia e ilusión.

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